comportamientos no deseados

Muchos de los comportamientos que tienen nuestros gatos, que no comprendemos o incluso nos molestan, se deben a que vemos a los felinos desde un punto de vista humano siendo para ellos comportamientos absolutamente normales. La convivencia con un gato implica el equilibrio entre nuestras necesidades subjetivas y las suyas.

Esta es una frase que suelo emplear mucho con aquellas personas que me llaman para que los ayude a corregir ciertas conductas problemáticas que tienen sus gatos. En este artículo espero aclarar algunos conceptos básicos de comportamiento con el fin de ayudar al lector a entender un poco más de que se trata este tema de la convivencia con un gato.

 

 

 

 

Dos términos que no utilizo nunca: dueño y mascota

Creo que hablar de la existencia de problemas comportamientos en nuestros gatos tiene más que ver con una concepción antropocentrista de lo que deben o no deben hacer nuestros gatos, que de los gatos en sí. Es decir, los gatos no tienen problemas de comportamiento, sino muchas veces comportamientos indeseados por nosotros, y muchas otras veces incomprendidos.

Por ejemplo, si nuestro gato araña nuestro sofá favorito no lo hace por porque tiene un problema de comportamiento, ya que ese es su comportamiento natural y necesario. Para nosotros el sofá tiene un valor que para el gato no lo tiene. La solución en este caso sería redirigir los instintos naturales del gato hacia otro objeto que para nosotros no tenga valor, como un rascador, pero nunca castigar o inhibir los instintos naturales del gato. 

Algunos veterinarios hablan de comportamientos patológicos. Pero ¿Son patológicos los comportamientos de un gato? Algunas conductas pueden estar provocadas por problemas de salud y desequilibrios bioquímicos las cuales se manifiestan con ciertas conductas como eliminación inadecuada, agresividad intra e interespecífica, hiperestesia y hasta lamido compulsivo. Pero ¿Son patologías de comportamiento, o es el reflejo de la patología subyacenete? ¿Necesitan medicación ansiolítica un gato que presenta ansiedad, o puede trabajarse sobre las causas ambientales que la genera, y las conductuales mediante técnicas operantes y de enriquecimiento ambiental?

Los gatos no necesitan psiquiatras. En más de 17 años he visto todo tipo de conductas (cuando digo todo, es TODO), y jamás necesité de medicación ansiolítica ni pisiquiátrica para trabajarlos. Paciencia, dedicación, empatía y un trabajo conductual adecuado son la clave para trabajar estas conductas. Ni forzarlas mediante técnicas aversivas, ni mucho menos con medicación. 

 

Convivir con un gato implica la adaptación del gato a nuestro estilo de vida, pero también la adaptación nuestra a la del gato. Tenemos una visión muy egosista de la convivencia. Muy centrada en lo que NOSOTROS deseamos y no en lo que ELLOS necesitan.

 

Volviendo a la frase que nunca utilizo, ni en mi trabajo y ni en mi vida diaria:

 

Somos dueños de nuestras mascotas.

 

La cual resume el concepto que nos formaron de ellos desde pequeños.

En mi opinión, dueño se es de un objeto y no de una vida. Y nuestros gatos no son un objeto cláramente. Y no es de extrañar que si nos consideramos dueños de ellos intentemos entonces moldearlos a nuestro antojo, sin el respeto por sus instintos y conductas naturales que se merecen.

 

No somos dueños de nuestros gatos. Somos RESPONSABLES de ellos, de su vida y de su bienestar. Esto implica que no siempre será el gato quién deba adaptarse a nosotros, sino también nosotros al gato.

Según el diccionario, mascota: es un animal domesticado que se conserva con el propósito de brindar compañía, o para disfrute del cuidador. Término que no comparto en lo más mínimo, ya que no es el propósito de ninguna vida ser el disfrute de su dueño o cuidador, ni mucho menos de conservarlo para dicho propósito.

 

Cambiando solamente estas dos palabras estaríamos cambiando todo el concepto, y enseñándole a nuestros hijos a respetar, amar y ser responsables por esas vidas. Estaríamos en definitiva, formando mejores personas, más empáticas con los animales.

El ser responsables de una vida implica muchas más cosas que conservarlos como mascotas para nuestro disfrute. Las más importantes es aprender a respetarlos y cuidarlos. Aprender que tienen días buenos y malos como todos nosotros. Aprender que hay veces que quieren jugar y otras no. Aprender cómo vive en estado natural y cuáles son sus necesidades básicas. Y fundamentalmente aprender que NO somos el centro del universo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El grado de desinformación -o falsa información- acerca de las necesidades y comportamientos normales y necesarios de un gato es enorme, incluso en muchos profesionales. Una vez que las personas aprenden a reconocer como es un gato, y cuáles son sus necesidades básicas, comienzan a ver sus problemas de comportamiento desde otro punto de vista. Y lo que parecía ser un problema del gato se transforma en un problema de ámbos.

 

Muchas veces somos nosotros, consciente o inconscientemente, los causantes de dichas conductas a las que consideramos problemáticas: No jugamos lo suficiente con nuestros gatos, no tenemos un ambiente que satisfaga sus requerimientos básicos, reforzamos conductas que no querríamos reforzar. El sólo hecho de aceptar este punto de vista, respetando al gato por lo que es y no por lo que queremos que sea, dejando esos términos despectivos de lado y entendiendo que no somos el centro del universo, mejorará notablemente nuestra relación y visión que tenemos de él.

Muchos de los comportamientos que tienen nuestros gatos, que no tienen una causa orgánica y que pueden llegar a molestarnos, se debe en gran parte a nuestra culpa. Ver el mundo desde el punto de vista de nuestro gato, aprendiendo a reconocer cuáles son sus instintos y necesidades básicas, y qué estamos haciendo nosotros que está interfiriendo con dichos instintos y necesidades es el paso fundamental para detectar el origen de una determinada conducta. En ciertos casos, la causa de una conducta desequilibrada puede mejorarse aplicando ciertos ajustes en sus rutinas, cambios en el ambiente y técnicas de modificación conductuales. Pero otras, simplemente aceptarlas por lo que son, ya que vienen con el gato y con nuestro amor y aceptación por la maravillosa criatura que es.

 

castigo físico...¡jamás!

Los castigos aversivos nunca demostraron dar resultados positivos en los gatos. ¿Por qué?

 

En los grupos sociales conformados por gatos no existen las estructuras jerárquicas complejas, como sí existen en las manadas de perros. Sus estructuras sociales son más simples. En principio, debemos saber que los gatos no reconocen machos ni hembras alfa, sino que se reconocen como iguales. Dos gatos que se lleven bien, y se toleren mutuamente, podrán convivir en armonía, jugarán juntos y se acicalarán como muestra de afecto social. Mientras que dos gatos que se lleven mal tratarán de evitarse a toda costa con el fin de evitar  un enfrentamiento real. Nuestra posición jerárquica para nuestros gatos no es la misma que para nuestros perros. Si bien ellos nos ven a nosotros algo así como un sustituto materno, nunca nos reconocerán como alfas. Es por ello que la relación entre nosotros y nuestros gatos no es de subordinación, sino de cooperación. Solemos ver muchos casos de perros que, aún siendo castigados aversivamente por sus humanos, los siguen a donde vayan. La necesidad de aceptación social es parte del perro, no del gato. La relación que existe entre un humano y su gato puede romperse fácilmente ante un caso de maltrato. Un gato temeroso podría volverse más temeroso aún, mientras que un gato más dominante podría llegar a reaccionar agresivamente ante el castigo.

 

El que nuestro gato nos marque con su olor, duerma con nosotros, nos muestre su vientre (su parte más vulnerable), o nos acicale, demuestra que existe un verdadero cariño y confianza hacia nosotros. Los gatos no tienen el concepto de lo que está bien o está mal, no tienen envidia, ni celos. Tampoco saben que el sofá nuevo no es un buen lugar para afilar sus uñas. Castigar físicamente a un gato por haber afilado sus uñas en nuestro sofá favorito, o haber hecho sus necesidades fuera de su bandeja sanitaria, no solo no tendrá ningún resultado positivo en la modificación de dicha conducta, ya que para el gato esas son conductas normales, sino que terminará perjudicando nuestra relación con él, de la misma forma que nuestra relación con un amigo podría terminar si este nos hace daño.

Gritarle, pellizcarlo, pegarle o refregarle la nariz en su orina, como hacen ciertas personas con sus perros, NO SIRVE PARA NADA (NI CON SUS PERROS NI CON SUS GATOS), y solo puede empeorar la relación que tenemos con nuestro gato. A continuación les dejo un video que bajé de internet que demuestra como un padre irresponsable, seguramente culpará al gato de ser agresivo con el niño. Por culpa de estúpidos como estos padres, muchos animales terminan en refugios o sacrificados.

Este video fue bajados de internet y es propiedad de sus respectivos autores. Yo los edité para acortarlos con ©Adobe Premier Pro.

¿qué deberíamos hacer frente a un comportamiento que deseamos cambiar?

En principio ponernos a pensar si deseamos cambiar un comportamiento porque interfiere realmente en la convivencia diaria con nuestro gato, o simpemente porque se trata de un capricho egoísta nuestro. Descartar todo tipo de castigo físico, el cual no conduce a nada y acrecienta más el problema. Luego, y muy importante, descartar que dicho comportamiento no se deba a una causa orgánica, como ser una infección, un dolor, una enfermedad, etc, la cual debe ser diagnosticada y tratada convenientemente por nuestro veterinario de confianza. 

 

Exite en el gato una particularidad, y es que el gato no reconoce el dolor o el malestar físico como propio, sino que lo relaciona con su entorno. Por ejemplo, si el gato padece una infección urinaria, y cada vez que va a orinar a su bandeja sanitaria siente dolor, evitará dicha bandeja. La causa de esta conducta, si es verdaderamente producto de esta infección urinaria, se solucionará con un tratamiento veterinario adecuado, y no castigándolo.

Nosotros podemos ser capaces de razonar y de cambiar ciertas conductas en nuestros gatos, sin por ello provocarles malestar físico y psíquico. Proveer a nuestros gatos de un entorno adecuado a sus necesidades básicas naturales es una de las principales razones por las cuales muchos comportamientos inadecuados terminan equilibrándose, ya que el gato y su entorno vienen en el mismo paquete. Por otro lado, consultar siempre los temas conductuales con un educador y adiestrador profesional especialista en conducta felina, y no con cualquier persona o profesional, es fundamental para equilibrar y solucionar los problemas, y no empeorarlos por una mala gestión de conducta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Algunas pautas para la modificación de ciertas conductas:

Evitar el comportamiento no deseado redirigiendo la acción natural del gato.

Un ejemplo sería el siguiente: si el gato eligió nuestro sofá favorito para afilar sus uñas, lo que está haciendo no es afilando sus uñas únicamente, sino marcándolo con sus glándulas de olor interdigitales. Podemos planificar ciertas acciones por las cuales ya no le resulte tan cómodo afilar sus uñas allí, como colocar algún producto de olor o textura desagradable para el gato. Pero, al mismo tiempo, colocando cerca un rascador con feromonas o algún producto atractivo para él. De ese modo estaremos redirigiendo su conducta, y no anulándola con castigos o medicación, lo que le provocaría estrés y malestar.

Recompensando los comportamientos deseados.

Siguiendo con el ejemplo anterior, cada vez que el gato decida afilar sus uñas en el rascador, y no en el sofá, podríamos premiarlo con algo que le guste. Algunos gatos prefieren una golosina para gatos, otros caricias, y otros juegos.

Enriqueciendo el entorno con elementos pensados para este fin, y con estímulos tanto mentales como físicos.

Muchos problemas de comportamiento son producto de ambientes empobrecidos para las necesidades básicas que tienen los gatos. Muchos de ellos mejoran enriqueciendo su ambiente mediante plataformas donde puedan rascar, trepar o esconderse, introduciendo otros gatos, o bien con juegos que estimulen sus habilidades de caza.

Utilizando distractores remotos.

Si nosotros castigamos al gato, aunque sea con un pequeño chorro de agua, podría suceder que el gato terminara asociando el castigo con nosotros y no con la conducta. Un distractor remoto funcionaría de la misma forma que el chorro de agua, es decir, desviando la atención del gato a otra cosa, pero de forma tal que el gato no logre asociarlo con nosotros, sino con lo que está haciendo. Por ejemplo, si nosotros no queremos que el gato se suba a la mesada de la cocina, y colocamos algunas bandejas de tal forma que al subir las tire haciendo mucho ruido, el gato dejará de hacerlo ya que asociará dicho ruido con dicha acción, y no con nosotros.

La convivencia con un gato implica:

 

1. Conocer y respetar sus necesidades básicas.

 

2. Comprender que un comportamiento que a nosotros nos puede resultar inadecuado, para el gato puede ser perfectamente normal.

4. Comprender que hay conductas que podemos modificar utilizando estrategias que al gato no les resulten estresantes ni dañinas.

5. Comprender que hay conductas que son propias de un gato y no podemos cambiarla. De no tolerarlas, entonces sería preferible no adoptar un gato.

Estas son solo algunas pautas generales para tener en cuenta. Los educadores felinos trabajamos con todo tipo de problemas de adaptación y de comportamiento. Por experiencia, muchos de los problemas que parecen no tener solución terminan muy bien. Ante cualquier problema de este tipo, no abandonemos a nuestros gatos ni los mediquemos con ansiolíticos. siempre deberemos consultar con un adiestrador especialista en modificación de conducta.