merlín y Camila

Los gatos NO tienen problemas de comportamiento, ya que la mayoría de los comportamientos de nuestros gatos son normales, naturales y necesarios en algunos casos. En otros, un pedido de ayuda. Hablar de problemas es muy antropocentrista ya que sería una forma de tirarles el problema a ellos.

 

Un comportamiento que tiene un causal orgánico, por ejemplo la eliminación inadecuada, no constituye un problema de comportamiento si la causa es una infección urinaria. Nuestro gato relaciona el dolor que siente al orinar con la bandeja y deja de utilizarla. La ansiedad, que muchos veterinarios la consideran una patología de conducta, no lo es. La ansiedad tiene un causal socio-ambiental concreto. Esta cesa al eliminar el agente ansiógeno.

Los comportamientos de nuestros gatos pueden ser deseados o ideseados por nosotros, según nuestro nivel de tolerancia absolutamente subjetivo, pero no son un problema en sí.

 

Que nuestro gato arañe el sillón, agreda a otros gatos, nos muerda manos y pies o haga pis fuera de su bandeja sanitaria no constituyen problemas de comportamiento, sino comportamientos normales para el gato, pero indesados por nosotros. A estos comportamientos indeseados podemos reeducarlos para lograr una convivencia armónica, o solucionarlos si la causa es una enfermedad orgánica de fondo. Otros comportamientos que pueden resultar indeseados por nosotros, como que a nuestro gato no le guste ser alzado o abrazado, deben ser, en mi humilde opinión, respetados y no modificados. 

 

lucía, merlín y camila

Hace un tiempo realicé un trabajo en la casa de Lucía por un problema de agresividad en uno de sus tres gatos: Merlín.

 

Lucía convive con tres gatos: Una gata madre bonachona siamesa, y dos de sus hijos de un año de edad: Merlín y Camila. Si bien Camila, según sus palabras, es bonachona como la madre, Merlín es arisco y agresivo con ella y con las personas que van a su casa e intentan acariciarlo. Según sus palabras: "Mis amigos están sentados en el sillón y cuando Merlín se acerca a pedirles mimos ellos lo acarician y reciben la agresión, está loco pero lo amo."

Al llegar a su casa me encuentro que, efectivamente, tanto la madre siamesa como su hija Camila aceptan de buen grado mis caricias, luego de acercarse solas a mi lado, cola en alto, y marcándome el dorso de mi mano con su olor. Luego de un rato aparece Merlín y se acerca a investigarme sin ningún signo de temor ni desconfianza. Un detalle importante era su cola en alto, señal amistosa de contacto. Me agacho a su altura, me pongo lateralmente a él -le estoy mandando una señal de calma que le comunica que no soy peligroso- y coloco mi dorso de la mano, presentándome. Él se acerca a mi mano, la huele -un saludo cordial entre los gatos- y comienza a marcarme con el lateral de su cabeza en señal de aceptación. Luego de un ratito comencé a realizarle caricias en su cabecita que él respondió con más marcaje y ronroneos. Hasta ahí las cosas no podían ser más positivas.

Con respecto al ambiente, Lucía tenía todo lo que había que tener para enriquecerlo como un ambiente apto para gatos. Me di cuenta que no solo ama a sus gatos, sino que es una persona que investiga y es muy dedicada a ellos, lo que agradecí especialmente. Hasta ahí todo me parecía normal, tan normal que me preocupaba.

 

Luego de enseñarle algunas pautas para enriquecer aún más el ambiente, y enseñarle un par de juegos pensados para estimularlos más, le pedí que me mostrara como era la relación de ella con sus gatos. Que hiciera de cuenta que yo no existía y que interactuara con ellos como lo hacía diariamente. Y ahí vi algo que no me gustó, y en lo que podíamos trabajar.

No todos los gatos, por más que sean hermanos de la misma camada y criados bajo las mismas condiciones, tienen la misma personalidad y tolerancia a ser manipulados. Es importante entender que cada gato posee sus propios matices. Matices que cada humano conoce bien de sus gatos y que resultan fundamentales para saber como tratarlos.

La forma en que Lucía abrazaba y besaba a sus gatos era demasiado brusca para los estándares normales de un felino -mucho amor de golpe, suelo decir yo- y no todos los gatos disfrutan y se sienten cómodos con este tipo de interacciones. Si bien la madre gata y Camila lo aceptaban de buen grado, el lenguaje corporal de Merlín indicaba lo contrario. Pero ella lo desconocía.

 

Decidí entonces darle un mini curso de lenguaje corporal felino para mejorar la comunicación entre ella y Merlín. Después le pedí que me grabara un video de cómo era la interacción entre sus amigos y Merlín. Quería saber por qué, al ser un gato tan amistoso, tendía a agredir a sus amigos. Luego de una semana Lucía me envió un video, el cual edité con texto escrito para señalar lo que piensa Merlín, y dejé el audio original de lo que opinan los amigos. El resultado me pareció aclarador, y gracioso a la vez.

Estos videos son propiedad de Educador Felino y fueron editados con ©Adobe Premier Pro.

En el video podemos ver como una de las amigas de Lucía se sienta al lado de Merlín y de Camila, los cuales se encontraban descansando en ese momento, y comienza a acariciarlos. La tolerancia de Camila a las caricias es mayor que la de Merlín, de eso no hay dudas, pero lo que vemos es que Merlín le avisa varias veces a la amiga de Lucía que lo está acariciando que quiere que lo dejen en paz.

Lo que vemos en el video es una persona que comienza a acariciar a un gato que quiere que lo dejen descansar tranquilo en ese momento. Como la persona desconoce el lenguaje corporal del gato, sigue insistiendo hasta que el gato finalmente reacciona con un manotazo. Lo que vemos no constituye una verdadera agresión, sino más bien una advertencia para que lo dejen en paz, la cual ocurre tras varias señales previas de Merlín que no son tenidas en cuenta.

 

Lo que le dije a Lucía fue que cuando vinieran visitas, les explicara que hay gatos más dados a las caricias y gatos menos dados a ellas, y que de ser así debíamos respetarlos. Le expliqué que Merlín no me parecía un gato para nada agresivo -todo lo contrario- pero debíamos respetar sus tiempos de interacción física, los cuales no tenían por qué ser iguales a los de su hermana o a los de su madre.

 

 

mi opinión personal

De nada sirve iniciar un plan de modificación de una conducta que a mi parecer no tiene por qué ser modificada, sino respetada. Afortunadamente Lucía lo entendió a la perfección, y tras aprender a comunicarse con sus tres gatos actualmente todo parece ir muy bien.