• Hernán Pesis | Educador Felino

El castigo, ¿mecanismo de aprendizaje o maltrato animal?


Asociar el término castigo con maltrato animal es un grave error. Dicha asociación es producto del desconocimiento de como operan los mecanismos naturales de aprendizaje, de la mala utilización del término «castigo» en el lenguaje popular y de la influencia negativa que ciertos «adiestradores» de reconocidas series de televisión han fomentado en el público.



EL CASTIGO COMO MECANISMO DE APRENDIZAJE

El castigo es un mecanismo natural de aprendizaje asociativo que ha sido seleccionado en la mayoría de las especies animales por su importancia adaptativa para la supervivencia. Dicho mecanismo es muy importante ya que interrumpe y/o debilita aquellos comportamientos que pueden llegar a ser desadaptativos y hasta peligrosos para la vida del animal. Gracias a la supresión y debilitamiento de estos comportamientos castigados, los animales aprendemos a operar sobre nuestro entorno de manera más eficiente y adaptativa.

Por ejemplo:

Retiramos inmediatamente la mano del enchufe si este nos da una patada (castigo), haciendo menos probable que en un futuro lleguemos a manipularlo sin antes cortar la energía eléctrica. Dejamos inmediatamente de hacer chistes de mal gusto en una reunión al ver que nadie se ríe y hasta nos miran con mala cara (castigo), haciendo menos probable que volvamos a comportarnos de esa manera en una situación similar. Una fuerte reprimenda verbal (castigo) a un niño que se ha soltado de la mano de su madre y se dispone a cruzar la calle puede que lo asuste y le provoque un llanto pasajero, pero dicha reprimenda pudo haberle salvado la vida y será menos probable que dicho niño vuelva a soltarse de la mano de su madre.

Ya se trate de una patada eléctrica o de la reprimenda de la madre, el castigo en este niño puede interrumpir o debilitar comportamientos aprendidos que pueden llegar a ser muy peligrosos para su vida.


Todos estos ejemplos son mecanismos de castigo operando sobre nuestras conductas de maneras diferentes, pero todos ellos tienen una función claramente adaptativa. El castigo -como mecanismo de aprendizaje asociativo- es transversal a la mayoría de las especies por su valor adaptativo. Esto incluye a nuestros gatos.


EL CASTIGO COMO MECANISMO DE APRENDIZAJE EN LOS GATOS

El castigo -como mecanismo de aprendizaje asociativo- es sumamente importante para la supervivencia de un gato. Los gatos silvestres aprenden qué animales pueden cazar sin sufrir heridas o envenenamientos y qué caminos pueden recorrer sin sufrir accidentes o imprevistos en base a castigos: Intoxicarse por comer una especie venenosa, sufrir heridas al intentar cazar un animal muy agresivo o encontrarse con potenciales depredadores al adentrarse en territorios desconocidos. El castigo, incluso, ya está operando en las primeras etapas de desarrollo del gatito.

Cuando un gatito se excita demasiado durante el juego y muerde fuerte a su hermano, este chilla castigando dicha conducta e interrumpiendo inmediatamente el juego. Cuando un gatito muerde fuerte la cola de la madre -que se mueve de un lado al otro, volviéndola irresistible- la madre interrumpe inmediatamente el juego retirando su fuente de entretenimiento y castigando al gatito. Los gatitos que han pasado por estas experiencias han aprendido a inhibir la mordida durante el juego y suelen desarrollarse como gatos adultos más equilibrados.



Un gato doméstico que molesta a su compañero felino mientras está durmiendo la siesta y, debido a esta interrupción, recibe una advertencia en forma de bufidos y zarpazos, puede que en un futuro aprenda a identificar en que momentos es mejor no molestarlo y así evitar que las advertencias agresivas escalen a niveles más altos. La conducta del primer gato fue castigada por la del segundo gato haciéndola menos probable en el futuro. Dicho aprendizaje es sumamente adaptativo para ambos gatos: El primero, aprendiendo a discriminar en que situaciones es menos conveniente molestar a su compañero felino y, el segundo, a moderar sus respuestas agresivas.

Este tipo de interacciones agonistas entre dos gatos pueden resultar funcionales al mantenimiento del equilibrio en su relación. No siempre los bufidos y zarpazos deben ser interrumpidos con nuestra intervención. No obstante, siempre es conveniente asesorarse con un especialista en Análisis Funcional del Comportamiento para su evaluación.


CASTIGO POSITIVO Y CASTIGO NEGATIVO

Podemos diferenciar dos procesos de castigo diferentes, el Castigo positivo y el Castigo negativo. Es importante aclarar que ambos términos no tienen ninguna connotación moralista, como bueno haciendo referencia al término el positivo y malo haciendo referencia al término negativo. Ambos términos hacen referencia a la aparición/presentación (+) o desaparición/retirada (-) de estimulación consecuente a un comportamiento.


Una regla fácil que nos ayuda a diferenciar uno de otro sería:

  • En el CASTIGO POSITIVO se SUMA (+) un ESTÍMULO AVERSIVO o DESAGRADABLE para decrementar las probabilidades de que esa conducta se repita.

  • En el CASTIGO NEGATIVO se RESTA (-) un ESTÍMULO APETITIVO o AGRADABLE para decrementar las probabilidades de que esa conducta se repita.

Si la aparición o presentación de un estímulo aversivo consecuente a una conducta logra hacerla menos probable a futuro, hablamos entonces de Castigo positivo. Si la retirada o desaparición de un estímulo apetitivo consecuente a una conducta logra hacerla menos probable a futuro, hablamos entonces de Castigo negativo. Nótese que el castigo, tanto positivo como negativo, se definen por su función, es decir, solo podemos hablar de que una conducta ha sido castigada si, efectivamente, se debilita con el paso del tiempo.


PROPIEDADES FUNCIONALES

Los mecanismos de castigo, tanto positivo como negativo, no se definen por sus propiedades estructurales, como el tipo, forma, frecuencia, duración o intensidad del estímulo aversivo o apetitivo utilizado, sino por sus propiedades funcionales. Esto quiere decir que, tanto el Castigo positivo como el Castigo negativo, se consideran mecanismos de aprendizaje asociativos efectivos en tanto y en cuanto su presentación, consecuente a una conducta, provoque su supresión o debilitamiento a futuro. Sin esta corroboración, dichos procesos no se considerarían castigos.

Si nuestro gato rasca el sillón en nuestra presencia y nosotros lo 'castigamos' retándolo o arrojándole agua, pero su conducta se repite, es porque nuestros «castigos» no estarían funcionando como tales sino -lo más probable- como reforzadores. Recordemos que los castigos se definen por su función y su efecto debilitador sobre las conductas consecuentes, no por su tipo y forma.


Muchos gatos con una fuerte deprivación de atención por parte de sus tutores pueden manifestar un repertorio de conductas indeseables que busquen su reacción (atención). Lo que para nosotros pueden ser «castigos», para nuestros gatos son reforzadores.


¿EL CASTIGO ES MALTRATO?

Se suele asociar popularmente el término castigo con maltrato animal, pero esto es un grave error. La aplicación de castigo como técnica operante no necesariamente implica infligir daño al animal, de hecho, no debería ser así. En Análisis Funcional y en Modificación de Conducta el castigo constituye un procedimiento de aprendizaje que nada tiene que ver con maltrato animal. Por ejemplo, retirar las caricias a un gato -que disfrutaba recibiéndolas- en el preciso momento que nos muerde, es probable que decremente dicho comportamiento. Este es un ejemplo de Castigo negativo (retirar un estímulo agradable consecuente a la conducta) que nada tiene que ver con maltratar al animal. De hecho, es el mismo proceso natural de castigo que la madre utiliza con sus gatitos cuando estos muerden su cola.


Un castigo puede efectivamente convertirse en maltrato animal si es implementado por personas o «expertos» sin experiencia ni formación como Analistas de Conducta.


ALGUNAS CONSIDERACIONES BÁSICAS ASOCIADAS AL MAL USO DEL CASTIGO

En primer lugar NO se castigan individuos, sino conductas. Por ejemplo, frotar la nariz del gato en la orina que, horas antes, depositó fuera de su bandeja sanitaria, no implica ningún tipo de aprendizaje para el gato, por lo tanto, termina siendo una forma de maltrato animal que, de seguro, afectará la relación de ese gato con su tutor.


El tiempo transcurrido entre un comportamiento y su consecuencia es muy importante ¿Sabías que el poder asociativo entre un comportamiento y su consecuencia disminuye a medida que pasa al tiempo? A esto lo llamamos: contigüidad espacio-temporal, un requisito fundamental para que se establezca la asociación. En el caso de un gato, pasado el minuto de ocurrencia de un comportamiento, la asociación que se establece entre ambas variables tiende a ser nula. En este caso, ni el procedimiento de frotar la nariz en la orina es efectivo (de hecho es asqueroso) ni se produce aprendizaje alguno.

La implementación de procedimientos de reforzamiento diferencial de otras conductas -o de conductas incompatibles con las que se quiere eliminar-, son fundamentales para que los procedimientos de castigo resulten más efectivos. Nunca se aplican procedimientos de castigo sin reforzar diferencialmente las alternativas deseables.


La aplicación de estimulación aversiva como gritos, chorros de agua dirigidos al gato, aire comprimido, golpes fuertes o incluso golpes físicos, no solo resultan ineficientes para corregir conductas indeseadas sino que, además, pueden provocar numerosos efectos secundarios (Martin y Pear, 2008). Además, la aplicación de estimulación aversiva, independientemente de su intensidad, puede llevarlos a atacar a otros animales, aunque éstos no estén conectados con su administración (Azrin,1967). ¿Esto es aplicable a estimulación aversiva aparentemente inofensiva como un rociador de agua? Sí, ya que si bien para nosotros sigue siendo un simple chorro de agua, la realidad es que desconocemos como percibe el gato dicho estímulo y qué nivel de ansiedad le genera. Por lo tanto, el gato no aprende que lo que hizo 'está mal' sino que aprende a evitar nuestra presencia por miedo.


La aplicación de estimulación aversiva no es sinónimo de aplicación de castigo como técnica de Modificación de Conducta.


La aplicación de procedimientos de castigo -de ser estrictamente necesario- debe ser siempre evaluados e implementados por especialistas en Análisis Funcional y Modificación de Conducta, quienes conocen los protocolos de aplicación a la perfección. Bien implementados, dichos procedimientos pueden resultar funcionales al bienestar del gato, e incluso hasta pueden salvarle la vida. Existen muchos otros procedimientos efectivos alternativos al uso de castigos, como el control de estímulos antecedentes, el reforzamiento diferencial y la extinción operante, pero la decisión debe ser siempre del profesional.


EN RESUMEN

No debemos estigmatizar ni criticar -sin conocimientos- la utilización de los procedimientos de castigo que han sido validados por más de un siglo en trabajos experimentales y en todo tipo de especies, resultando efectivos y funcionales al decremento de conductas desadaptativas y/o peligrosas para la vida del animal. El castigo como proceso/procedimiento de aprendizaje asociativo no tiene nada que ver con maltrato animal ni con la errónea utilización popular que dicho término fue adquiriendo a lo largo de la historia.

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