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CÓMO ACARICIAR A SU GATO Y NO MORIR EN EL INTENTO »

Publicación para: ethicalbreeding.org

30 de Julio de 2019

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Observar a nuestro gato mientras lo acariciamos puede darnos una idea de su estado emocional en el momento de dicha interacción. Identificar los patrones de comportamientos asociados a estados emocionales positivos (confort) o negativos (disconfort) nos permitirá cortar la interacción en el momento adecuado.

 

Muchas veces solemos pasar por alto las múltiples señales de incomodidad que nuestros gatos nos transmiten. La adquisición de respuestas de escape (huida, rasguños, mordidas) y de evitación (se mantiene alejado de nosotros cuando nos acercamos) se deben, en muchos casos, a respuestas condicionadas producto de la falta de atención a las señales de disconfort que nuestros gatos nos están transmitiendo.

Para evitar llegar a estas respuestas, las cuales podrían afectar la relación con ellos, es importante estar atento a las señales de disconfort que nos transmiten. Esta es una lista de patrones de comportamientos básicos asociados a emociones positivas y negativas que podemos observar a la hora de interactuar con ellos:

 

Positivas:
Bosteza en nuestra presencia.

Se acicala tranquilamente a nuestro lado.

Nos lame la mano o el brazo.

Nos parpadea lentamente o entrecierra sus ojos.

Mueve lentamente su cabeza hacia nosotros como invitándonos a más caricias.

Modifica su postura corporal para favorecer nuestras caricias en su cabeza o en su lomo.

Permanece inmóvil y relajado sobre nosotros o a nuestro lado.

Orienta su parte trasera hacia nosotros en el momento de las caricias, muchas veces vibrando su cola de felicidad.

Frota su cuerpo contra nosotros o en objetos cercanos.

Nos olfatea.

Nos amasa con sus patas delanteras.

Busca contacto con nosotros con su pata delantera.

Se nos acerca con su cola en vertical (busca interactuar con nosotros).

Adopta una postura relajada en nuestro regazo mientras lo acariciamos.

Ronronea.


Negativas:
Se lame el hocico repetidamente.

Se lame nervioso la zona donde lo acariciamos.

Sus pupilas se ven dilatadas, aun habiendo suficiente luz en el ambiente.

Gira repentinamente su cabeza hacia nuestra mano o intenta apartarse de ella.

Se aparta de nosotros y se sienta a cierta distancia para acicalarse.

Podemos observar espasmos en la piel en el punto de contacto.

Nos agarra del brazo con sus garras delanteras mientras nos patea con las traseras.

Modifica la posición de las orejas (adquieren la apariencia de las alas de una avioneta).

Muerde nuestra mano con sus dientes, pero sin ejercer presión.

Su cola comienza a agitarse.

Algunos consejos extra

Si nuestro gato está descansando o distraído, y nosotros nos acercamos y, sorpresivamente, lo acariciamos, puede que se asuste y la próxima vez no quiera saber nada de caricias. La llegada de una caricia debe ser predictiva y sin sorpresas.

 Debemos respetar cuando no quiere más caricias estando atentos a su lenguaje corporal, tal y como vimos antes. Esta es la mejor manera de ampliar su umbral de confianza y tolerancia. Yo suelo cortar las caricias en mis gatos en pleno disfrute, ya que prefiero dejarlos con un poco de ganas antes que hastiados (y son sumamente cariñosos).

 Nuestro gato debe disfrutar del momento al igual que nosotros. Ponernos a revisar nuestro celular mientras pasamos la mano sobre su cuerpo no tiene nada que ver con una caricia. ¡No estamos “lustrando” a nuestro gato, sino intentando disfrutar de un momento junto a él!

 Las caricias pueden funcionar como un reforzador de conducta para algunos gatos. Por ejemplo, si nuestro gato nos maúlla intensamente y nosotros intentamos calmarlo con caricias, podríamos estar reforzando dicha conducta si los maullidos persisten en el tiempo.

Al acariciar a tu gato préstale atención: ¿Qué tipo de caricias le gusta? ¿En qué parte del cuerpo? ¿Cómo? ¿Cuáles son las señales en tu gato que nos dice que paremos? Que las caricias sean para tu gato un pago justo por una grata sesión de ronroneos.

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QUÉ HACER PARA QUE MI GATO NO SEA AGRESIVO »

Publicación para: Wamiz Latinoamérica / wamiz.lat

29 de Abril de 2021

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Para tratar con un gato con problemas de conducta será necesario recurrir a un instructor felino y hay que tener en cuenta las siguientes recomendaciones.

 

Si tu gato tiene mal carácter, te gruñe o araña, es necesario detectar esas conductas para entender el trasfondo del problema y las maneras en las que se puede solucionar. Pero trabajar con felinos agresivos no es fácil y requiere de formación, conocimientos y experiencia. Para enseñarle buenos modales y una conducta indicada, debemos asesorarnos siempre con educadores profesionales con trayectoria y, sobre todo, que acrediten su formación en alguna institución reconocida.

¿Cuántos tipos de agresividades se manifiestan en gatos?

Las respuestas agresivas, en mayor o en menor grado, son siempre las mismas. Un 'gancho de derecha' es siempre un 'gancho de derecha', pero no es lo mismo darlo o recibirlo en la calle que en un 'ring' de boxeo. Para comprender un poco más este tema debemos hacer foco en los estímulos antecedentes que motivan dichas respuestas agresivas en el gato y no en las respuestas propiamente dichas:

Dolor:

Acariciar, alzar o manipular a un gato, provocándole cierta incomodidad o dolor, puede motivar respuestas agresivas en el animal. Debido a que estas respuestas agresivas suelen alejar efectivamente la fuente de dicho dolor, las mismas se fortalecen. El gato termina asociando la ausencia de dolor con su respuesta agresiva, fortaleciendo la misma mediante refuerzo negativo. Esta respuesta agresiva puede manifestarse luego de manera preventiva, dirigiéndose a aquellas personas o animales que solamente pasan cerca del gato: Pensamiento del gato: "Si yo aprendo que mi respuesta agresiva logra alejar al estímulo que me provoca dolor, entonces la misma respuesta puede servirme para mantenerlo alejado, evitándolo".

Territorialidad:

Los ataques de gatos a humanos, asociados con la defensa de su territorio, son muy infrecuentes. Las respuestas agresivas de este tipo suelen observarse mayormente en miembros de la misma especie (agresividad intraespecífica), intensificándose en los machos enteros durante la época de celo o en las hembras durante el período de lactancia. No obstante, algunos gatos muy proactivos, pero con cierta inseguridad y ansiedad, pueden acercarse a investigar a un desconocido y manifestar respuestas agresivas motivadas por algún movimiento u olor extraño de la persona.

Miedo/ansiedad:

El miedo (condición emocional específica hacia un estímulo) puede provocar en el gato respuestas agresivas, especialmente cuando el gato no puede alejarse o huir del estímulo que provoca dicho estado emocional. Un gato en permanente estado de ansiedad (condición emocional inespecífica) puede distorsionar la percepción de su entorno, identificando cualquier estímulo cercano (humano o animal) como un potencial peligro y respondiendo agresivamente para eliminarlo, alejarlo o mantenerlo alejado.

Frustración/enojo:

Se sabe que muchos gatos que no han tenido la oportunidad de experimentar naturalmente el destete de su madre presentan, de adultos, una pobre tolerancia a la frustración, lo que provoca enojo y respuestas agresivas dirigidas o redirigidas. Si bien estadísticamente esto es cierto, no es la única causa, ni todos los gatitos destetados tempranamente se frustran fácilmente y son agresivos de adultos. Un temperamento inestable y/o un aprendizaje social deficiente son igualmente determinantes para este tipo de respuestas agresivas.

Maternidad:

Cualquier estímulo potencialmente peligroso que ponga en riesgo a sus gatitos puede despertar la ira de su madre. Incluso, aquellos humanos y animales que pertenecen al seno familiar pueden ser considerados un potencial peligro cuando la gata se encuentra en ese estado. Esto tampoco constituye una regla general, aunque existe una mayor probabilidad de que así respondan la mayoría de las gatas durante el período de lactancia.

Juego agresivo:

El juego agresivo, dirigido hacia nosotros o hacia los demás animales de la casa, suele estar asociado con una deficiente socialización y con comportamientos de tipo predatorios redirigidos. Estas conductas agresivas pueden ser más o menos intensas, pero carecen de los componentes emocionales negativos que podemos observar en otras respuestas agresivas. Mover la cola, evadir un contacto y morder son síntomas de fastidio. En general, aquellos gatitos activos y motivados tempranamente a morder nuestras manos como parte de un juego son candidatos a presentar este tipo de conductas de adultos. Recordemos que, pese a ser gatitos, siguen siendo potenciales depredadores que están aprendiendo a identificar aquellas presas que podrán cazar de adultos. Esto ocurre también en la naturaleza, cuando su madre les lleva a sus gatitos diferentes tipos de presas para que aprendan a identificar cuáles son aptas para cazar y matar de adultos.

¿Qué actividades o juguetes pueden reducir la agresividad de mi gato?

Eso dependerá de cada gato y cada situación particular. El reconocido neurocientífico Jaak Panksepp aseguraba que "el juego que imita la caza es la mejor actividad que podemos implementar en la rutina diaria de un gato para ayudarlo a equilibrar sus emociones". En general, todas aquellas actividades y juguetes que formen parte de su repertorio de actividades especie-específicas (como cazar, trepar y explorar) son recomendables.

Respondiendo más específicamente a la pregunta: la utilización de cañas para gatos, con las cuales podemos imitar la secuencia predatoria completa de nuestro gato, pero disociándola de nuestro cuerpo; los juguetes de ingenio y los platos especiales que estimulen y motiven la búsqueda de alimento y los circuitos de pared, que le permitan al gato trepar, refugiarse, utilizar sus uñas y saltar, son básicos en el enriquecimiento de su entorno.

El entrenamiento de habilidades recreativas (como dar la patita, sentarse, acudir al llamado, etcétera) también ponen en funcionamiento mecanismos cognitivos que son muy beneficiosos.

 

Una rutina de paseo con arnés suele ser una actividad altamente estimulante para el gato.

Pero para ello debemos asesorarnos con un educador felino, ya que no todos los gatos son candidatos para esta actividad, y debemos entrenarlo adecuadamente ya que el paseo con un gato no es igual al paseo con un perro.

Causas por las que un gato se vuelve agresivo

Las causas o estímulos antecedentes pueden ser tan variados como la tendencia del gato a responder agresivamente a ellos. Cualquier estímulo, incluso lo que nuestros sentidos son incapaces de percibir, puede motivar respuestas agresivas en el gato. Pero eso dependerá de las condiciones estimulares, eventualidad y de las tendencias conductuales particulares de cada gato.

¿Cómo me doy cuenta de que mi gato es agresivo?

La respuesta de huida y/o lucha constituye para el gato un mecanismo ancestral de supervivencia. La selección natural favoreció en el gato la primera respuesta por sobre la segunda, y esto tiene su lógica tratándose de animales de pequeño tamaño.

Enfrentarse a depredadores más grandes como lobos, zorros u otros felinos de mayor porte, o incluso a otros gatos de su mismo tamaño, no suele terminar muy bien. Si un gato no puede escapar con éxito de un potencial peligro, entonces luchará por su vida, pero antes manifestará un repertorio de señales que indican el estado emocional del gato. Estas señales agresivas son variadas y dependen de la situación. Un gato que no puede huir, pero que tiene temor puede manifestar señales muy diferentes a dos gatos machos enteros enfrentados por el dominio de un territorio.

La postura característica del gato de 'Halloween' es otra manifestación agresiva que se conoce como respuesta ambivalente.

Esta respuesta ambivalente es producto de motivaciones opuestas en las que el gato quiere enfrentarse al peligro (sus patas traseras avanzan, su pelo y cola se erizan) y a la vez escapar de él (sus patas delanteras se frenan y retroceden) curvando su cuerpo en esta típica postura.

Existen otras señales de advertencia, asociadas generalmente con un exceso de manipulación por parte del humano, como mirar fijamente la mano que lo acaricia, intentar evadir su contacto, morder suevamente y mover enérgicamente la cola, entre otras. Señales sutiles que, de ser ignoradas, pueden motivar una respuesta agresiva por parte del gato. Al soltarlo, estaremos reforzando dicha respuesta y estaremos enseñándole a nuestro gato que la mejor manera de transmitirnos su incomodidad es pasando directamente a la agresión.

La agresividad de un gato no se soluciona con castigos.

¿Qué debo hacer si mi gato es agresivo conmigo?

Deberíamos consultar primero con un veterinario para descartar causas médicas. Ya vemos que el dolor o el malestar, incluso ciertas enfermedades, pueden manifestarse con conductas agresivas. Si el problema es netamente conductual (descartando problemas médicos), existen programas de entrenamiento en positivo muy eficientes. Para ello, debemos asesorarnos con educadores profesionales con experiencia y que acrediten su formación en alguna institución reconocida.

¿Qué tratamientos son necesarios para controlar a un gato agresivo?

La evaluación conductual (que incluye una entrevista con los tutores y el análisis de cualquier tipo de material que pueda ser de ayuda), la evaluación del entorno y el análisis funcional de las conductas del gato son fundamentales para detectar antecedentes y consecuencias que pudieran estar fortaleciendo o manteniendo las respuestas agresivas. Existen programas de entrenamiento que incluyen ejercicios especie-específicos, modificaciones funcionales del entorno y técnicas de modificación de conducta que son muy eficientes. Si esto no fuera suficiente (en la mayoría de los casos sí lo es), será necesario recurrir a un veterinario, quien evaluará y decidirá si debe suministrarse algún tipo de psicofármaco.

¿Cuáles son los riesgos de convivir con un gato agresivo?

Los riesgos dependerán del tipo de conducta y de quienes sean foco de estas. Siempre debemos trabajar con aquellos gatos que manifiesten cualquier tipo de conducta agresiva.

¿Se debe castigar a un gato agresivo?

Jamás. El castigo aversivo, desde rociarlo con agua hasta otro de mayor intensidad, no hace más que incrementar la ansiedad del gato, empeorando el problema. Existen técnicas mucho más efectivas, basadas en programas de entrenamiento en positivo.

Mi gato es muy agresivo al jugar, ¿Qué debo hacer?

Siempre consultar con un educador profesional, quien modificará dicho comportamiento redirigiéndolo hacia los juguetes adecuados. Para ello, se trabaja en la educación del humano, la reeducación del gato y la implementación de rutinas de actividades específicas para cada gato.

Mi gato me ataca brutalmente, ¿por qué?

Las motivaciones pueden variar. Siempre debemos consultar con profesionales. Ni Internet, ni Facebook, ni los amigos 'que siempre tuvieron gatos' son fuentes confiables de consulta para estos temas tan delicados.

¿Por qué mi gato es agresivo con los otros gatos o el resto de las mascotas de la casa?

Para responder esta pregunta, se debería primero realizar una evaluación conductual y un análisis funcional completo del problema. Recordemos que la agresividad de un gato a otro (u otro animal) puede estar motivada por diferentes causas. Muchas veces, preguntarnos “para qué” mi gato responde agresivamente a la presencia de su compañero y no “por qué”, lo que puede arrojarnos un panorama más objetivo de dichas causas.

¿Qué cosas no debo hacer si mi gato es agresivo?

Nunca debemos castigarlo ni implementar esas técnicas de dominación que están de moda y que son fomentadas por un conocido adiestrador canino de la TV. Estas técnicas no solo son obsoletas, sino peligrosas. Siempre debemos consultar con educadores que trabajen con técnicas de entrenamiento en positivo. No es necesario ni recomendable la implementación de ningún método aversivo para trabajar con un gato.

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CÓMO SE ADIESTRA A UN GATO »

Publicación para: Wamiz Latinoamérica / wamiz.lat

29 de Abril de 2021

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A diferencia de los perros, los gatos no se educan o entrenan fuera de casa. ¿Qué hay que hacer para mejorar su comportamiento? Respuestas de un experto.

 

Entre los tutores es común buscar respuestas entre profesionales si su gato presenta reacciones agresivas, no puede integrase, come mal o sufre otras complicaciones en relación con su comportamiento. Pero, a diferencia de un perro, los tratamientos que un felino casero debe recibir no suelen abordarse en un espacio educativo en particular, sino en el mismo lugar donde vive, ya que un cambio de territorio puede representarle una fuente de estrés.

¿Existen escuelas de adiestramiento felino?

No, no existen escuelas específicas de adiestramiento felino, pero sí instituciones de prestigio que brindan una formación diplomada completa en comportamiento animal aplicado, punto de partida para empezar una formación integral como educador felino.

¿Cómo es el proceso de adiestramiento felino recomendable?

Cada profesional elegirá el enfoque de trabajo de acuerdo con sus estudios, experiencias, filosofía y habilidades particulares.

Por ejemplo, un profesional puede centrarse en entrevistarse con los tutores, evaluar el entorno del gato, realizar un análisis funcional de sus conductas y la puesta en práctica de los ejercicios y técnicas que surgen de dicha evaluación y análisis conductual. El compromiso de los tutores y el seguimiento de las técnicas propuestas es igualmente importante, ya que a través del mismo se logra ajustar las mismas a los requerimientos individuales de cada caso. Sea el enfoque que sea, es recomendable recurrir a educadores que utilicen técnicas en positivo, sin castigos ni técnicas aversivas para el animal.

La educación de los tutores es tan importante como la del gato.

¿Por qué debemos adiestrar a un gato?

Podemos cambiar el término por el de “educar”. La educación no solo se centra en trabajar con los comportamientos indeseados una vez que se presentan, sino también con el gatito en su etapa temprana y adulta, antes de que se presenten. La educación de los tutores es tan importante como la del gato, ya que, de esta manera, se logra el equilibrio entre sus necesidades y las nuestras.

¿Siempre es necesario recurrir a un especialista?

Siempre. Y ese especialista debe acreditar su experiencia y formación en el campo del entrenamiento animal en una institución reconocida (con diplomas y/o certificaciones avaladas). Lo ideal es que también cuente con una página web en donde cualquier persona pueda ver qué ofrece, cómo es su manera de trabajar y cuál es su formación profesional. Las redes sociales ofrecen también la oportunidad de seguir sus publicaciones y las opiniones de su trabajo. Hoy en día, no alcanza con colgar un título de la pared y llamarse especialista. Hay que demostrarlo todos los días.

¿Qué cuidados y/o herramientas debemos contemplar a la hora de educar un gato?

Lo más importante a la hora de trabajar con un gato es comprender que estamos trabajando con una especie semi doméstica muy diferente a todas las demás especies domesticadas, incluyendo al perro. Es fundamental desechar todo tipo de técnicas aversivas (castigos punitivos) y de 'dominancia', las cuales son obsoletas y peligrosas. Debemos tener en cuenta también que el entorno del gato cumple un rol fundamental en su entrenamiento, y que siempre debemos trabajar con los gatos y sus tutores en su entorno. No podemos llevar a un gato a una “escuela de entrenamiento”, ya que no funciona con el gato. Una gran definición del adiestramiento felino se encuentra en el libro No lo mates, enséñale (de la bióloga y entrenadora de animales Karen Pryor) que lo define de la siguiente manera: “Entrenar un gato es más similar a entrenar a un tigre que a un perro”, refiriéndose a esa condición de animal semi domesticado.

Diferencias entre el adiestramiento de un gato y un perro

La principal diferencia es la manera de encarar las técnicas, no tanto las técnicas en sí. Los educadores caninos y felinos utilizan las mismas letras, pero escriben en distintos idiomas. Es muy difícil explicar las diferencias técnicas si el lector no es adiestrador, pero en términos generales con los gatos se busca generar situaciones en las cuales ellos aprendan solos de sus propias respuestas, sin forzarlos ni castigarlos. El refuerzo positivo es fundamental en el entrenamiento del gato. Toda técnica de castigo debe ser descartada.

¿Varían mucho los comportamientos de los gatos de acuerdo con la raza?

No. Es verdad que existen ciertas tendencias producto de la selección de rasgos específicos, pero esas distinciones entre las distintas razas felinas son más estéticas que conductuales. Muy diferente a lo que ocurre con los perros, cuya selección artificial se ha centrado en seleccionar rasgos conductuales específicos. Por ejemplo, es posible encontrar gatos de bengala súper tranquilos y también persas súper agresivos. Cada gato es un mundo y ese mundo es producto de variables contextuales muy diferentes.

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